martes, 9 de septiembre de 2014

PREPARANDO APERTURAS I


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¿Cómo Estudiar las Aperturas?


PARTE I

Por el MI Raúl Ocampo Vargas

Cuando uno examina los libros de aperturas nota una gran cantidad de variantes y una serie de evaluaciones de las posiciones cuando terminan las citadas variantes, muchas veces sin una sola palabra. Se supone que se ponen las variantes más relevantes y a veces se pregunta si uno debe tratar de memorizar tales series de jugadas o tomarlas simplemente como ejemplos del tipo de juego que puede desarrollarse. Por lo general hay pocas palabras que indiquen que es lo que está tratando de hacer cada bando. Si uno se basara en lo que aparece en los libros para estimar que es lo importante que hay que estudiar, llegaría uno a la tal vez errónea conclusión que hay que estudiar variantes y no ideas.

Pero ya que Einstein decía que el correcto planteamiento de un problema era a menudo más importante que su solución, trataré de identificar primero las cuestiones a dilucidar y luego sus posibles soluciones.


El estudio de la apertura lo constituyen las siguientes partes y tareas:

  1. Elección del aspecto de la apertura o que aperturas, defensas o sistemas que van a ser nuestro objeto de estudio.
  2. Antecedentes.
  3. Conceptos.
  4. Recopilación de material.
  5. Elección de material relevante.
  6. Análisis de casos.
  7. Modelos exitosos.


Y tal estudio requiere una metodología para:
  • Determinar la información relevante.
  • Identificar que conocimientos y habilidades (competencias) se debe intentar adquirir.
  • Establecer la manera más efectiva de adquirir dichas competencias.

El estudio de la apertura puede ser individual o en grupo, puede ser planificado por el estudiante mismo o con la asesoría o dirección de un especialista. En ambos casos la planificación puede ser total o en partes, es decir, un especialista nos puede dirigir en algunas de las partes o tareas, o en la planificación completa del estudio.

Como en toda planificación dependerá de la misión que se habrá uno impuesto y de la visión del futuro a que uno quiera llegar. Esta visión dependerá de nuestros antecedentes personales, de nuestra “historia” de vida y de los recursos actuales o potenciales con que contemos.

Sin un planteamiento completo del problema, a mi manera de ver, no se puede abordar de una forma efectiva, el estudio de la apertura.

Tenemos que tomar en cuenta una serie de informaciones que nos aporta la experiencia de muchos entrenadores que se enfrentaron anteriormente al mismo problema.

Recordemos una máxima de la escuela soviética: “Es importante saber que es lo que se tiene que saber de acuerdo a la etapa del desarrollo técnico ajedrecista en que estemos”. Es decir, lo que pretendamos aprender de la apertura debe estar relacionado con el nivel de conocimientos de las otras fases de la partida del ajedrez, lo que significa que el nivel de estudio de la apertura debe corresponder al nivel de estudio del medio juego y al nivel de estudio del final.

Por supuesto que, a su vez, el nivel del sistema de estudio de ajedrez estará relacionado con el nivel de desarrollo de cultura, conocimientos y habilidades que tengamos en general; es decir de nuestra etapa de conocimientos y comprensión de ellos de nuestra personalidad integral.

Por ello Botvinnik remarcaba la importancia de que un ajedrecista fuese culto y fuese apoyado por entrenadores cultos, ya que esto tenía relación directa con el nivel de cultura ajedrecística que pudiera adquirir.

Por supuesto que estas son reglas generales, para las personas comunes. La historia nos muestra algunos casos, no tan numerosos como muchos creen, de personas que con talento especial y circunstancias también especiales, se salen de la regla y adquieren una gran destreza en el ajedrez sin tener un desarrollo de nivel semejante en otros aspectos de la cultura general o de su desarrollo como personas.
Habría que adentrarse en cuestiones muy profundas de la personalidad para analizar como ajedrecistas de menos de quince años alcanzan un grado de destreza y de excelencia en ajedrez que no tienen ninguna correspondencia con otros aspectos de su desarrollo como personas.

Está demostrado que, con técnicas especiales, con especialistas de alto nivel y con un “arreglo” de circunstancias ad hoc; unido todo ello a un talento excepcional identificado oportunamente, con una motivación específica estimulada en grado superlativo y de manera científica y sistemáticamente orientada, se pueden “fabricar” grandes maestros de ajedrez con menos de 18 años de edad y menos de 10 años de experiencia en estudio y torneos de ajedrez.

Claro que todo eso implica una organización, un gran esfuerzo económico, grupos de trabajo bien dirigidos y correr un riesgo de afectación dramática a los niños a los que se les exponga a tales métodos de aprendizaje acelerado que, hasta donde sabemos, están en proceso de experimentación y aún no tienen suficiente experiencia probatoria que permita manejarlos con una seguridad satisfactoria.

Es probable que haya alguna contraindicación, y que esos niños “super grandes maestros” tengan algunos problemas de personalidad o de desarrollo emocional de difícil pronóstico en el estado actual del arte de la enseñanza del ajedrez.

Pero los planteamientos de Botvinnik estaban dirigidos al ajedrecista común. De acuerdo a la ideología humanista de la época en que se desarrolló Botvinnik, entre 1925 y 1945, en la Unión Soviética se le daba mucha importancia al desarrollo de métodos que ayudaran a la superación del individuo común, no al de los seres excepcionalmente talentosos. De hecho uno de los éxitos que podemos conceder con seguridad al sistema educativo soviético fue su gran avance en investigar, analizar y desarrollar métodos para que individuos con ciertos problemas de conducta, de adaptación social o con deficiencias físicas o con desarrollo físico afectado, causado por las grandes hambrunas de la post revolución rusa; pudieran desarrollarse a niveles aún superiores a los que seres “normales”, sin ninguna dificultad especial , lo hicieron en otras sociedades. Pilares del sistema educativo soviético como Lev S. Vigotsky, “redescubierto” cuarenta años después de su muerte, son reconocidos como los estudiosos más avanzados en el campo de la psicología educativa actualmente. La influencia de un pensador como Vigotsky en el desarrollo cultural de la Unión Soviética y en consecuencia con el ajedrez soviético, es muy difícil de exagerar, pues fue de gran magnitud. Sin los trabajos de Romanovsky, Levenfish, Botvinnik, Kotov, Ragozin y sus contemporáneos, no se podría explicar uno el alto grado de desarrollo de la escuela soviética de ajedrez de 1925 a 1990 y mucho menos el nivel de las actuales escuelas de Ucrania, Rusia y de otras exrepúblicas soviéticas; sin hablar de los ex-soviéticos que lideran en escuelas de otra veintena de países como Alemania, España, Estados Unidos, etc…

Claro que cuando “aterrizamos” el problema a las circunstancias de un ajedrecista iberoamericano, que no cuenta con una organización, con recursos muy limitados, sin guía de un especialista, con acceso limitado a la educación, generalmente mal formado en métodos de estudio, con problemas psicológicos acordes a sociedades llenas de incongruencias, con deficiencias alimentarias que han lastimado su desarrollo físico y mental; con literatura ajedrecística escasa a su alcance, rodeado de influencias negativas tanto para la conducta como para su desarrollo como ajedrecista; la tarea “nos la ponen en Vietnam”, como diría un viejo entrenador de la academia de ajedrez de Centro Habana.

Sus métodos de estudio, si se llegasen a desenvolver lo suficiente como para decir que existen, serán aleatorios y producto de su buena o mala fortuna.
Mi recomendación es que traten de llevar a cabo las tareas enunciadas al grado de su capacidad y circunstancias.

Así como hay manuales para “el arquitecto descalzo” es decir, manuales de construcción para los que tienen recursos limitados en material y sobre todo en capacitación y asesoría; a mí me gustaría alguna vez escribir un manual de ajedrez para el “ajedrecista descalzo”.

Ya que mi tribuna es la red de Internet, debo dar por hecho que mis lectores al menos pueden acceder a la información de ajedrez accesible por dicha red. A mi compañero ajedrecista “descalzo” le puedo recomendar varias cosas. Comencemos por las tareas enunciadas:

Primero que nada, para poder elegir su objeto de estudio, deberá establecer su Misión y Visión.
Como supongo no cuenta con especialistas para ello, no tiene un psicólogo de cabecera, o un entrenador personal con especialidad en ajedrez y planeación estratégica personal, sino cuenta con él mismo y le hace falta inclusive un buen
amigo crítico y con buen desarrollo humano; que es lo más valioso para un buen ajedrecista, le sugiero primero que se conozca bien a si mismo.
Conocerse a si mismo es lo más importante para un ajedrecista y a la vez lo más difícil. Lo advierto, pero no con ánimo de hacerlo consciente de una situación desesperada, sino con la idea de que emprenda la tarea con seriedad. “Suave, para que se te dé”, como diría aquel viejo entrenador de Centro Habana, Alejandro Meylán.

El análisis personal es para determinar cual será la visión que pueda tener de si mismo para dentro de, digamos, cinco años. Sabiendo a donde quiere llegar, podrá determinarse que ruta debe seguir y que debe hacer para ello. Y que tiene que estudiar, que conocimientos y habilidades pretende adquirir. Como consecuencia sabrá que debe estudiar en apertura, medio juego y final. Claro que para tener la visión de adonde podría llegar en cinco años, debe saber quien es y donde está ahora. Pretendiendo, dije pretendiendo, establecer quien es realmente como ajedrecista (y como persona, por supuesto).

Aquí me parece oportuno recordar un principio básico de la psicología, que fue mencionado varias veces por San Pablo. Cuando le preguntaron: ¿Cómo hacer para obtener la fe, si aún no se tiene o es débil?, San Pablo contestó más o menos así: “Actúa como si la tuvieras” Es decir, si algo se exterioriza, internamente se forma. Vigotsky decía el principio de la siguiente manera: “Para realizar algo interior, hágalo exterior”. Si usted quiere organizar su mente, organice sus ideas escribiéndolas, poniéndolas en tarjetas, organice sus proyectos, sus pensamientos y así se organizará su mente. Del interior al exterior y de ahí de nuevo a lo interior.

Cuando haga un análisis de si mismo, vaya anotando y escribiendo, haga listas, anotaciones, pregúntese a si mismo anotando sus preguntas y luego escriba sus respuestas.

Anote sus cualidades y defectos como persona y como ajedrecista. El MI Alexander Shasin, connotado teórico de la física nuclear de alto nivel y ahora uno de los grandes entrenadores rusos de ajedrez, afirmaba que analizando 15 partidas de un jugador podía conocerlo e identificar algunos defectos principales. Como mi ajedrecista descalzo no tiene experiencia de entrenador ni ha topado con cientos de ajedrecistas y analizado sus partidas, ni tiene un sistema para investigar las deficiencias de ellos; ni siquiera puede uno contar

que sabe como analizar partidas; quince partidas no bastan, se requieren al menos unas 45. Vea sus últimas cuarenta y cinco partidas, dedíquele a cada una de ellas al menos una hora y haga la investigación de que clase de ajedrecista tiene ahí. ¿Cuantas partidas perdió por error táctico? ¿Porcentaje?. ¿En cuantas partidas se encontró con posiciones que no eran de su agrado? ¿Porcentaje? ¿Cuantas veces ganó con blancas? ¿Porcentaje? ¿De que nivel eran los oponentes con que perdió, ganó o empató? ¿Promedios de ranking? ¿Gana más partidas en aperturas cerradas, abiertas, semicerradas, etc? ¿Porcentajes en cada una de ellas? ¿Promedio de duración de sus partidas? ¿En que ritmo de juego le va mejor? ¿Torneos de cinco minutos, treinta, dos horas?

Usted puede hacer su propia lista de preguntas. Claro que estas serán producto de su propio nivel de conocimientos del ajedrez y de otros aspectos de su cultura ajedrecística y no ajedrecística. Claro que si contara con la ayuda de Shasin, podría tener una imagen completa de si mismo como ajedrecista, pero por lo pronto, como ajedrecista “descalzo” tendrá una evaluación “descalza” de si mismo. Pero al menos tendrá algo con que trabajar.

Después de analizarse como jugador de ajedrez, tendrá que analizarse en lo relativo a su salud, su motivación para el ajedrez, el tiempo para dedicar, y sus recursos económicos. Todo anotando cada detalle.

Luego analice sus antecedentes, cuanto ha progresado de cinco años para acá en ajedrez; establezca su tendencia y así proyecte su futuro dentro de cinco años. Anote con cuidado y con detalles muy precisos, donde cree que pudiera estar dentro de cinco años si todo va bien. Su motivación dependerá en mucho de la capacidad que tenga para su sueño. Si no puede soñar con un futuro brillante en cinco años, menos podrá hacerlo realidad. No sea mezquino con sus sueños; pero tampoco no se vaya al infinito. El mar y el cielo son igual de azules y a la distancia parece que se juntan, no intente compararse con el cielo si a usted le corresponde ser el mar, dice la canción. Y el que nace para maceta, del corredor no pasa, dice el otro refrán. Pero sueñe, si, sueñe, pero con bases. Ponerse metas demasiado grandes solo establecen las bases para amarguras futuras.

¡Suave, suavecito, para que se te dé!

Después de establecer nuestra visión, sabremos a donde queremos llegar. El siguiente paso será determinar las etapas de nuestro camino. Pero esa es otra

historia, que veremos después. Por lo pronto tiene usted que cumplir 50 horas analizando sus partidas.
Una vez a Botvinnik le preguntó un joven maestro que tenía que hacer para mejorar su juego. Botvinnik le preguntó a su vez “¿Tiene una colección de sus partidas analizadas?” el joven maestro le contestó “No, no he analizado muchas de mis partidas” y Botvinnik le dijo, más o menos: “Empiece por analizarlas"”

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